Para poder criticar a Charlie Hebdo…

Hace falta haberlo leído, por supuesto. Asisto desconcertado al gran baile de expertos de opinión que, sin el menor rigor básico, sin la menor honestidad intelectual que impone cualquier análisis, se lanzan a criticar a Charlie Hebdo sin haberlo leído. El ejercicio consiste en juzgar cuarenta y cinco años de semanario en base a tres o cuatro caricaturas interpretadas fuera de contexto. El ejercicio es fácil, cómodo y moralista, presumiblemente eficaz en términos editoriales, pero plantea un problema: se trata también de repetir los argumentos falaces de la extrema derecha francesa y de los grupos extremistas religiosos. Y lo peor de todo: es realizado muchas veces por gente de buena fe que se sitúa en las antípodas de los Le Pen, de los Boutin, de ese sector de la humanidad convencido de que es legítimo degollar al infiel o lapidar en plaza pública a la mujer adúltera.

Lo primero que se debe comprender para poder analizar las caricaturas de manera honesta es que Charlie Hebdo ha sido siempre un semanario satírico, no humorístico. Luego, como es imprescindible en toda interpretación de un producto cultural, se debe tener en cuenta el contexto. Tras el atentado a Charlie Hebdo, dos tapas en particular han circulado por Internet y han sido retomadas y comentadas como prueba contundente de la actitud y pretensión abominables del semanario.

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