¿Libertad de expresión? Otro slogan

4475749_994b4d8e0d2bef1710da79ec9a91d0ae5d594c1f_545x460_autocropY tras haber encabezado la marcha, tras habernos dedicado más de un discurso sobre la libertad de expresión y la grandeza de Francia, tras haber subido 21 puntos en los sondeos, el siempre bonachón Hollande va a Arabia Saudita a presentar sus condolencias y saludar al nuevo rey.

Hace no mucho Raef Badawi, un escritor y blogger saudí, fue condenado a mil latigazos, diez años de prisión y 270 000 dólares de multa por haber, supuestamente, criticado la religión. Leo en el Canard Enchaîné que Badawi recibió el 9 de enero los primeros cincuenta latigazos (es así, va por lotes) y que los que tenía que recibir los viernes 16, 23 y 30 se suspendieron porque las heridas no habían cicatrizado y temían que el muchacho muriese durante el castigo.

Pero Hollande estuvo presente en el país donde el blasfemo y el homosexual merecen la pena de muerte, donde al ladrón se le corta la mano, donde a un blogger se lo encierra por diez años si tiene suerte de sobrevivir a mil latigazos. Hollande dijo presente, todos lo vimos sonriendo mientras estrechaba la mano manchada de petróleo y sangre del nuevo rey. En registro literario alto esto se conoce como realpolitik, pero nunca falta un maleducado que decante por calificativos menos clementes y, sin duda, poco acordes a la grandeza de Francia.

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