Los franceses que recluta Daesh

Basta ver, leer un poco las reacciones para entender hasta qué punto estamos mal.

Salvo excepciones (Bernard Stiegler, Michel Onfray, Thomas Piketty, y hasta sorpresas como Emmanuel Macron), la única grilla de análisis que se maneja es la religiosa. Sobran estudios que muestran que los franceses que recluta Daesh se mueven sólo en un 10% de casos por motivos religiosos y en un 90% por motivos sociales. Son dealers, ladrones de poca monta, alcohólicos, depresivos que comen cerdo a cuatro manos, pibes sin rumbo que nunca leyeron el Corán. Sobran estudios sobre franjas etarias, sobre propaganda y lavados de cerebro propios de una secta, sobre imbéciles que piensan emular al Che y embarcarse en la gran causa.

Pero a cada artículo coherente en Le Monde le sigue una avalancha de comentarios que insultan al autor, lo tratan de naïf, de snob, de meaculpismo, de condescendencia, de marxismo pasado de moda, de odio contra la patria, de negación de la realidad, de idiota útil de Daesh, de intelectual de turno, y reducen todo a un solo ángulo de análisis: el religioso. Y ni hablemos de lo que se cocina en Le Figaro, particularmente difícil de leer en este período.

Francia, 2015, un curioso país dispuesto a morir con los ojos abiertos.