Ortografía del francés, élite y suicidio

1010220313001200056968813La ortografía del francés es de una complejidad incomprensible. Tanto es así que he visto profesores universitarios en Letras cometer faltas de todo tipo, algo difícilmente imaginable para un hispanohablante. Quien haya trabajado en sistemas de transcripción fonética o análisis gramatical para el francés se habrá dado cuenta de la cantidad de excepciones que existen en comparación con el español.

Leo en Libération una entrevista a Fabrice Jejcic, lingüista del CNRS, quien afirma que esta complejidad se debe, desde el principio, a una opción deliberada y política. Cita al historiador François Eudes de Mézeray, quien escribió en 1673:

La Academia declara que desea continuar con la ortografía antigua que distingue a la gente de letras de los ignorantes y las simples mujeres.

No deja de ser curioso que en esa misma época el suicidio fuese un crimen donde la muerte del culpable no impedía su juicio. Es así que el cadáver del suicida se encarcelaba durante días y luego se lo presentaba en franca descomposición al tribunal de gente de letras, para proceder a un juicio absurdo como pocos. Era esa misma élite ávida de ortografías complejas la que condenaba al muerto a que su cadáver fuera arrastrado en vía pública y luego colgado de los pies durante veinticuatro horas, además de confiscar todos sus bienes, como si la familia fuese cómplice del acto.

Se es élite como se puede, me digo asombrado de que hasta hoy se siga creyendo que la ortografía le pertenece a las élites. Cada año no falta la nota o video en que diputados, senadores y ministros, un poco acosados por los periodistas, se muestran incapaces de escribir palabras corrientes como tráfico, tropiezan con homófonos comunes y son incapaces de realizar la concordancia del participio pasivo, errores que, para emplear el afectuoso tono de François Eudes de Mézeray, comete cualquier ignorante o simple mujer.