Recordándote

modelismo navalLlueve y está húmedo. París también es esto, días muertos, cielo gris, una isla llena de sombras. Sombras que hurgan los cubos de basura, que temen el terrorismo en transportes públicos y lugares turísticos, que sufren la represión salvaje de una policía sin escrúpulos ni gloria.

No son dos ni tres, son cientos de miles hinchando la Place de la République o pidiendo en mercados y panaderías, incapaces de ir a votar por una élite de confeti y fingidos golpes en el pecho, sin trabajo, sin futuro, los ojos en el vacío de un país que todavía no es bananero pero ya huele a caribe y bachata, a moralismo infantil, a todas las señales de un declinar brusco e irreversible.

Franceses, galos, cocoricós. Creo que nunca hablamos del dicho francés, que el gallo es el único animal capaz de cantar con los pies hundidos en la mierda. Chovinismo del peor y hacia el hondo bajo fondo vamos con Voltaire, Proudhon, Foucault, Bourdieu y tantos otros faros reemplazados por los BHL, los Finkielkraut, las Caroline Fourest y otros impostores de turno, una casta destinada a ser una borrosa nota al pie en la historia del país.

Pero llueve y está húmedo y esta es una de las tantas maneras de contarte que te extraño, que la casa de infancia fue vendida y mi corazón sigue lejos, que todavía sueño contigo. Sería bueno que los conocieras, te gustaría, les haría tanto bien frecuentar a alguien como vos. Al mayor le contarías historias delirantes sobre loros en la Luna o revoluciones de animales, le enseñarías modelismo naval, le ayudarías –sin que él lo notara– a pensar por sí mismo. A la pequeña la tendrías en brazos y a ella le bastaría ver el mundo desde tu altura para presentir que se puede ser algo más que una sombra.

Sigue lloviendo, sigue húmedo y ya es de noche. Pronto las sombras y los inmundos celadores se apropiarán de las calles, de la ciudad, de este país por el que vos, en la infinita inocencia de tus 17 años, quisiste venir a luchar durante la segunda guerra.

Sigue lloviendo y como siempre vos no estás, sólo la voz de los niños en la casa, gotas en la ventana, estas líneas sin destino.