Burkinis y feminismos

image

Puede ser la edad, el fin del verano o esta botella de pinot noir vacía, pero a las prohibiciones del burkini le ha seguido una gran tristeza. Tal vez porque son una-muestra-más de lo que respiramos hoy en Francia, o porque pienso en el futuro de mis hijos, o porque otra vez feminismo y laicidad son los nombres que se le pone a algo que de noble tiene poco.

Entre quienes gritan que en nombre de la libertad el burkini es una opción vestimentaria que no puede ser prohibida y quienes gritan igualmente que es una forma de esclavitud que —también en nombre de la libertad— debe ser prohibida yo me digo lo que decía mi abuelo gallego: pueda ser. A quien lo corregía diciéndole que se debe decir puede ser, él sonreía y respondía invariablemente: pueda ser. Porque llega un momento en que estas dos visiones incompatibles de la libertad —que corresponden a las nociones de libertad negativa y positiva— se vuelven recurrentes, tediosas, eternas. Continue reading

Hebe Uhart y Siberia blues, de Néstor Sánchez

Un amigo escritor me envió hace un tiempo esta apreciación de Hebe Uhart:

“No debemos engolosinarnos con las palabras, ni con los adjetivos redundantes, ni con las frases importantes. Al escribir no hay que quedarse en un concepto, hay que quedarse a unos pasos del concepto, un poco antes, sin llegar a él. Hay que darse tiempo y no cerrar. Ahí, en ese lugar antes del concepto, está la literatura, lo que nos hace ver, lo que abre ventanas. Ahí y no en la frase conclusa, inteligente, pedante. Hay que desconfiar de las frases hechas, de los lugares comunes y de los conceptos terminados.”

Desde entonces cada tanto recuerdo la apreciación de Uhart y pienso en este fragmento de la novela Siberia blues, de Néstor Sánchez: Continue reading

Francia post Niza

La cosa va mal pero por suerte la clase política tiene claro lo que hay que hacer.

Le Figaro se toma el trabajo de recopilar cinco propuestas:

1. Guantánamo a la francesa

Vuelve esta idea en boca de Georges Fenech, diputado de derecha. Consiste en encerrar a los franceses yijhadistas que vuelvan a Francia. No se sabe por cuánto tiempo, ni si serán necesarias pruebas, y tal vez por eso se mencione a Guantánamo. El razonamiento es básico: si es sospechoso, se lo encierra.

Continue reading

Recordándote

modelismo navalLlueve y está húmedo. París también es esto, días muertos, cielo gris, una isla llena de sombras. Sombras que hurgan los cubos de basura, que temen el terrorismo en transportes públicos y lugares turísticos, que sufren la represión salvaje de una policía sin escrúpulos ni gloria.

No son dos ni tres, son cientos de miles hinchando la Place de la République o pidiendo en mercados y panaderías, incapaces de ir a votar por una élite de confeti y fingidos golpes en el pecho, sin trabajo, sin futuro, los ojos en el vacío de un país que todavía no es bananero pero ya huele a caribe y bachata, a moralismo infantil, a todas las señales de un declinar brusco e irreversible.

Continue reading

Sin voz

Cuento publicado originalmente en Letralia.

kindleepubpdf


Yo conocí aquel hombre y cuando pude,
cuando ya tuve ojos en la cara,
cuando ya tuve la voz en la boca
lo busqué entre las tumbas, y le dije
apretándole un brazo que aún no era polvo:
«Todos se irán, tú quedarás viviente»

PABLO NERUDA

 

Oh Barbara
Quelle connerie la guerre
Qu’es-tu devenue maintenant
Sous cette pluie de fer
De feu d’acier de sang

JACQUES PRÉVERT

El primero, mucho antes de la oleada inconsolable, llegó a la cala Poseidón un lunes de mañana. Lo vi flotar desde lejos como un fantasma pardo y pensé en otras islas, Kálimnos, Lesbos, Samos, nombres también llenos de sol que empezaban a conocerse por lo mismo. Bastaron unos minutos para que los otros aparecieran. Casi sin comprender pagué el desayuno y bajé a la cala, donde apenas tres locales desafiaban el viento frío. Conté los catorce cuerpos incapaz de sentir algo preciso, mientras recorría los cantos rodados hacia uno de ellos. Me detuve en los rasgos suaves, el pelo de aserrín que le cubría fatalmente la frente; del cuello helado colgaba un chupete azul. No tenía más de un año. Pensé en Chloé jugando en un parque en París o durmiendo en la cama con Monique, y durante una hora me quedé en silencio junto al bebé, intentando comprender, pensando estúpidamente en lo que me había llevado a la isla (un número especial de una revista de turismo) mientras todo continuaba detenido en esos cuerpos edematosos, en el cielo sucio de la tormenta nocturna y el rumor del Egeo como única respuesta.

Continue reading