Juegos de gallinas, lobos e indígenas

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Semanas atrás, en una playa perdida del suroeste francés, mi hijo y yo buscábamos cualquier excusa para sobrellevar el fin de las vacaciones. Toboganes, moluscos en la orilla, una avioneta acuatizando en la tarde, cotidianas que a su edad significan un descubrimiento mayor, y de pronto, en un pastizal lindante, nos topamos con decenas de niños en plena actividad recreativa.

Los animadores habían separado a los niños en tres grupos que formaban un triángulo generoso. En el centro, a los gritos, una animadora aguijoneaba a cada equipo.

–¡Equipo de las gallinaaaaas! ¿¡Están listoooos!?

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Hebe Uhart y Siberia blues, de Néstor Sánchez

Un amigo escritor me envió hace un tiempo esta apreciación de Hebe Uhart:

«No debemos engolosinarnos con las palabras, ni con los adjetivos redundantes, ni con las frases importantes. Al escribir no hay que quedarse en un concepto, hay que quedarse a unos pasos del concepto, un poco antes, sin llegar a él. Hay que darse tiempo y no cerrar. Ahí, en ese lugar antes del concepto, está la literatura, lo que nos hace ver, lo que abre ventanas. Ahí y no en la frase conclusa, inteligente, pedante. Hay que desconfiar de las frases hechas, de los lugares comunes y de los conceptos terminados.»

Desde entonces cada tanto recuerdo la apreciación de Uhart y pienso en este fragmento de la novela Siberia blues, de Néstor Sánchez: Sigue leyendo

Recordándote

modelismo navalLlueve y está húmedo. París también es esto, días muertos, cielo gris, una isla llena de sombras. Sombras que hurgan los cubos de basura, que temen el terrorismo en transportes públicos y lugares turísticos, que sufren la represión salvaje de una policía sin escrúpulos ni gloria.

No son dos ni tres, son cientos de miles hinchando la Place de la République o pidiendo en mercados y panaderías, incapaces de ir a votar por una élite de confeti y fingidos golpes en el pecho, sin trabajo, sin futuro, los ojos en el vacío de un país que todavía no es bananero pero ya huele a caribe y bachata, a moralismo infantil, a todas las señales de un declinar brusco e irreversible.

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Sin voz

Cuento publicado originalmente en Letralia.

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Yo conocí aquel hombre y cuando pude,
cuando ya tuve ojos en la cara,
cuando ya tuve la voz en la boca
lo busqué entre las tumbas, y le dije
apretándole un brazo que aún no era polvo:
«Todos se irán, tú quedarás viviente»

PABLO NERUDA

 

Oh Barbara
Quelle connerie la guerre
Qu’es-tu devenue maintenant
Sous cette pluie de fer
De feu d’acier de sang

JACQUES PRÉVERT

El primero, mucho antes de la oleada inconsolable, llegó a la cala Poseidón un lunes de mañana. Lo vi flotar desde lejos como un fantasma pardo y pensé en otras islas, Kálimnos, Lesbos, Samos, nombres también llenos de sol que empezaban a conocerse por lo mismo. Bastaron unos minutos para que los otros aparecieran. Casi sin comprender pagué el desayuno y bajé a la cala, donde apenas tres locales desafiaban el viento frío. Conté los catorce cuerpos incapaz de sentir algo preciso, mientras recorría los cantos rodados hacia uno de ellos. Me detuve en los rasgos suaves, el pelo de aserrín que le cubría fatalmente la frente; del cuello helado colgaba un chupete azul. No tenía más de un año. Pensé en Chloé jugando en un parque en París o durmiendo en la cama con Monique, y durante una hora me quedé en silencio junto al bebé, intentando comprender, pensando estúpidamente en lo que me había llevado a la isla (un número especial de una revista de turismo) mientras todo continuaba detenido en esos cuerpos edematosos, en el cielo sucio de la tormenta nocturna y el rumor del Egeo como única respuesta.

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L’État nous rend-il meilleurs ? Ruwen Ogien.

ogienHace tiempo que leo con atención los trabajos de Ruwen Ogien, filósofo francés especialista en filosofía moral. Me cuesta mucho encontrar tantos puntos en común en tratados sobre filosofía moral en un tiempo donde los enfoques paternalistas priman. El propio Ogien subraya esto último y agrega algo en lo que me identifico plenamente:

Esto no es para nada alentador para aquellos que, como yo, continúan seducidos por la perspectiva de una sociedad mucho más equitativa desde el punto de vista económico y social pero también mucho más libertaria desde el punto de vista de las costumbres.

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