Mientras tanto los refugiados

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Mientras el tráfico comercial marítimo en el Egeo se modifica para evitar cruzarse con zodiacs repletos de refugiados y tener que asistirlos, mientras Turquía se guarda el dinero que la UE le da para los refugiados, mientras chantajea a la UE y le promete Merkel que si mantiene a raya a los refugiados la dejará entrar a la UE, mientras quienes controlan la frontera turca con Siria e Iraq disparan sin previo aviso sobre los refugiados, mientras algunos países de Europa del Este se dan el lujo de la memoria corta y repudian a gente que huye la guerra y el hambre, mientras el ministro del interior de Francia («país de los DDHH») se reúne con Tsipras y le ruega que controle mejor las fronteras, mientras la OTAN se prepara para desplegarse en el Egeo, mientras los pasantes siguen embolsando cifras impensables por el tráfico, mientras se llenan campos de refugiados, mientras los ultranacionalistas siempre tan valientes van a agredir a los refugiados en Calais…

Mientras éstas y otras muestras de la miseria humana ocurren, las ONG, los voluntarios que llegan de Dinamarca, de España, de Israel, de Alemania, de USA, de cualquier país, los locales de Calais, de Lesbos, de Kos, de Samos, de cualquier lugar, asisten, ayudan, hacen lo imposible por niños, por mujeres embarazadas, por familias en franco desamparo; lo hacen aunque en muchos casos sea ilegal, aunque terminen procesados, lo hacen por el humanismo más elemental, porque saben que Prévert tenía razón sobre la guerra, y porque, sin duda, comprenden que ser tratados así no es digno y yacer sin nombre en un cementerio improvisado donde chupetes y peluches señalan las sepulturas de niños y bebés no tiene gloria.

La guerre aux pauvres commence à l’école. Ruwen Ogien.

AVT_Ruwen-Ogien_5420Este compacto e incisivo ensayo de Ruwen Ogien aborda tres cuestiones:

  • ¿Es posible enseñar la moral en la escuela?
  • ¿Es deseable enseñar la moral en la escuela?
  • ¿Cuál moral y para quién?

Publicado en 2013, el libro es una respuesta abierta a la intención de Vincent Peillon (ministro de la educación del primer gobierno definido por François Hollande) de introducir cursos de moral laica (sic) en la escuela.

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Crisis. Jorge Majfud.

Las raíces son lo último que se secan

5660939-silueta-del-arbol-con-las-raicesAprovecho un largo vuelo, de retrasos y océano uniforme, para leer de un tirón Crisis de Jorge Majfud.

Pocas veces salgo de un libro con la certeza de haber recorrido un mundo sólido, coherente, rico, un verdadero mosaico que con la necesaria perspectiva muestra su belleza y da acceso a un mensaje que supera la simple composición de sus piezas. Pocas veces termino un libro deseando haberlo escrito, o alentado a ensayar aventuras similares; un placer o milagro cuya frecuencia los años sólo han conseguido apagar.

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Ética mínima. Ruwen Ogien.

Leo con gran interés algunas de las ideas de Ruwen Ogien, filósofo francés contemporáneo.

El rechazo que genera en buena parte de la élite mediático-intelectual me causa más interés todavía. Ogien desarrolla una teoría ética que llama ética mínima, antipaternalista, con la que me identifico plenamente y que se resume en una máxima: no perjudicar a los demás. Punto.

Parece trivial y es, sin duda, discutible (¿qué se entiende exactamente por perjudicar?), pero cuando se vive en un país jacobino y colbertista donde las lecciones morales del político de turno se aceptan como moneda corriente, leer a un extraterrestre como Ogien permite respirar. Hace más de un siglo Nietzsche escribió otra trivialidad: no existen fenómenos morales sino interpretaciones morales de los fenómenos. Son trivialidades que marcan.

Estilo rico, estilo pobre. Luis Magrinyà.

41YgiZkG17LUn verdadero descubrimiento, gracias al blog Aviones desplumados, de Rubén A. Arribas, que siempre tiene una buena sorpresa y gusta de la literatura latinoamericana. Difícil agregar algo a la excelente reseña que hace Rubén (por mi parte tengo pendiente un ejercicio de análisis de corpus), simplemente rescatar el siguiente pasaje, que da el tono del libro:

A un artista plástico —incluso a uno conceptual—, a un cineasta, a un bailarín, a un músico solemos exigirle conocimiento y dominio del medio con que trabaja; no veo por qué con la gente que escribe no haya que hacer lo mismo. Parece existir la presuposición de que, a diferencia del lenguaje de otras artes, quien escribe aplica una aptitud innata, común, compartida por todos: todos, en efecto, o casi todos, hablamos (también porque casi todos hablamos, las discusiones sobre asuntos lingüísticos suelen ser tan acaloradas). Pero casi todos también tenemos brazos y piernas y no nos creemos ni traumatólogos ni cirujanos. Un poco de observación clínica es lo que pretendemos y querríamos recomendar aquí. Pensar la lengua, nos gustaría demostrar, es la primera condición del estilo. No es tan difícil al fin y al cabo y en esta operación no todo, ni mucho menos, requiere saberes técnicos.