Confesiones de un joven novelista. Umberto Eco

 

 

Siempre el mismo placer al leer a Eco. Muchas de las reflexiones de este largo ensayo ya fueron evocadas en libros como Apocalípticos o integrados o El superhombre de masas. Otras, en el acuerdo o no, valen la leída.

Rescato dos cosas en particular. La primera es su noción de rigor. Eco cuenta, por ejemplo, cómo pasó varias noches deambulando de madrugada por París, con una grabadora de bolsillo, para poder relatar, en El péndulo de Foucault, el paseo nocturno que lleva a Casaubon desde el Conservatoire hasta la Place des Vosges. Eco tiene razón: son cosas necesarias. No para el lector sino para quien escribe. Para el lector resultará transparente, pero el esfuerzo vale la pena porque hará la diferencia. A veces es necesario un mes de investigación para poder escribir cuatro mil palabras que relatan el triste destino de una niña soldado en Burundi. Me consta haber ido hasta el Parc Montsouris más de una vez para contar los escalones que llevan desde la entrada sur hasta la ruta que va al lago. Se me ocurren gestos necesarios cuando lo que se pretende es algo más que escribir sobre lo que se ve a través de la ventana o ejecutar un pastiche nocturno y bonachón (e.g. una novela sobre marcianos que invaden la tierra pero que en realidad son vampiros a la búsqueda del Santo Grial que, como se sabe, fue robado por Dan Brown).

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Hebe Uhart y Siberia blues, de Néstor Sánchez

Un amigo escritor me envió hace un tiempo esta apreciación de Hebe Uhart:

“No debemos engolosinarnos con las palabras, ni con los adjetivos redundantes, ni con las frases importantes. Al escribir no hay que quedarse en un concepto, hay que quedarse a unos pasos del concepto, un poco antes, sin llegar a él. Hay que darse tiempo y no cerrar. Ahí, en ese lugar antes del concepto, está la literatura, lo que nos hace ver, lo que abre ventanas. Ahí y no en la frase conclusa, inteligente, pedante. Hay que desconfiar de las frases hechas, de los lugares comunes y de los conceptos terminados.”

Desde entonces cada tanto recuerdo la apreciación de Uhart y pienso en este fragmento de la novela Siberia blues, de Néstor Sánchez: Sigue leyendo

L’État nous rend-il meilleurs ? Ruwen Ogien.

ogienHace tiempo que leo con atención los trabajos de Ruwen Ogien, filósofo francés especialista en filosofía moral. Me cuesta mucho encontrar tantos puntos en común en tratados sobre filosofía moral en un tiempo donde los enfoques paternalistas priman. El propio Ogien subraya esto último y agrega algo en lo que me identifico plenamente:

Esto no es para nada alentador para aquellos que, como yo, continúan seducidos por la perspectiva de una sociedad mucho más equitativa desde el punto de vista económico y social pero también mucho más libertaria desde el punto de vista de las costumbres.

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La guerre aux pauvres commence à l’école. Ruwen Ogien.

AVT_Ruwen-Ogien_5420Este compacto e incisivo ensayo de Ruwen Ogien aborda tres cuestiones:

  • ¿Es posible enseñar la moral en la escuela?
  • ¿Es deseable enseñar la moral en la escuela?
  • ¿Cuál moral y para quién?

Publicado en 2013, el libro es una respuesta abierta a la intención de Vincent Peillon (ministro de la educación del primer gobierno definido por François Hollande) de introducir cursos de moral laica (sic) en la escuela.

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Crisis. Jorge Majfud.

Las raíces son lo último que se secan

5660939-silueta-del-arbol-con-las-raicesAprovecho un largo vuelo, de retrasos y océano uniforme, para leer de un tirón Crisis de Jorge Majfud.

Pocas veces salgo de un libro con la certeza de haber recorrido un mundo sólido, coherente, rico, un verdadero mosaico que con la necesaria perspectiva muestra su belleza y da acceso a un mensaje que supera la simple composición de sus piezas. Pocas veces termino un libro deseando haberlo escrito, o alentado a ensayar aventuras similares; un placer o milagro cuya frecuencia los años sólo han conseguido apagar.

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